Misión Imposible: versión Louvre

Dicen que París es la ciudad del amor.. y, por los visto, también del amor al arte ajeno. Porque lo sucedido en el Louvre desafía la lógica, el protocolo y hasta la comedia.

Un robo de joyas en uno de los museos mejor vigilados del planeta (o eso creían) perpetrado con precisión quirúrgica y un descaro digno de guión cinematográfico, deja al descubierto que la seguridad del recinto es, quizás, la exposición más vulnerable de todas. Según las autoridades, el asalto fue «sorprendente». No tanto por el hecho en sí, sino por la serenidad con que se desarrolló.

«Claro que los guardias, quizá pensando que se trataba de una perfomance contemporánea, optaron por no intervenir…»

Los ladrones, armados no con pistolas sino con radiales, irrumpieron con determinación y, ante la mirada perpleja de los guardias, optaron por el diálogo contundente del acero. Aquellas herramientas, más propias de un taller mecánico que de un atraco parisino, bastaron para imponer respeto y congelar cualquier intento de heroísmo.

Claro que los guardias, quizá pensando que se trataba de una performance contemporánea, optaron por no intervenir. Después de todo, el arte moderno es difícil de interpretar…

El museo, por su parte, asegura que las alarmas «se activaron correctamente». Sin embargo, se sospecha que su sonido no se escuchó más allá de la sala del robo. En las demás, silencio. Ni un eco, ni un sobresalto. Tal vez por la insonorización ejemplar, tal vez por desinterés institucional. El resultado es el mismo: una alarma que nadie oye es, en esencia, una metáfora perfecta de la burocracia moderna.

Los cacos con los caros pedruscos en la saca, escaparon por las calles parisinas con motos de gran cilindrada como si protagonizaran la secuela no autorizada de Fast and Furious: Edición Renacimiento.

El suceso deja enseñanzas dignas de reflexión: en el Louvre, el arte no solo cuelga de las paredes; a veces entra por la puerta, corta con una radial, desconcierta a los vigilantes y se escapa en moto. Un golpe tan audaz que merece, al menos, una vitrina vacía en su honor.

Porque en el fondo, quizá lo que estos ladrones robaron no fueron joyas, sino la ilusión de que todo está bajo control. Y eso, en tiempos como estos, vale mucho más que el oro.

1 comentario de “Misión Imposible: versión Louvre”

  1. La verdad es que parece que no haya podido ser .
    Uno de los museos más importantes del mundo y q parezca…no,que sea tan vulnerable…..y lo peor de todo que quizás no recuperen nunca más esas joyas…..seguiría hablando pero creo que ya tienen bastante con lo q se ha dicho

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