Las alfombras rojas tienen una curiosa capacidad pedagógica: iluminan mucho, pero también dejan ver lo que normalmente permanece en penumbra. En la última edición del Festival de Málaga bastó una pregunta sencilla para que la influencer Ona Gonfaus protagonizara, quizá sin pretenderlo, una de las escenas más reveladoras del certamen.
— Periodista: ¿Alguna película que recomiendes?
La respuesta llegó con una espontaneidad tan desarmante como involuntariamente sincera:
—Influencer: Pues… no sé ahora, una peli… ¡qué rollo!
La periodista, percibiendo que la conversación se precipitaba hacia un pequeño abismo cultural, trató de lanzar un discreto capote:
—Periodista: No sé… una película española, ya que estamos aquí en el Festival de Cine de Málaga.

Siguieron unos segundos de silencio de esos que en televisión parecen eternos: el momento exacto en que uno imagina a la memoria registrando cajones con cierta urgencia. Finalmente emergió un título: Ocho apellidos marroquís, estrenada en 2023, lo que la convierte, digamos, en una referencia cinematográfica relativamente reciente… aunque no exactamente en una novedad del festival.
Conviene no exagerar el incidente. A cualquiera le puede ocurrir quedarse en blanco ante una cámara. Incluso cuando la pregunta trata sobre el motivo mismo por el que uno está allí: el cine.

Lo interesante es otra cosa. Durante décadas los festivales fueron lugares donde se hablaba de directores, guiones, rodajes o interpretaciones. Hoy, con cierta frecuencia, también son escaparates donde lo verdaderamente valioso no es haber visto muchas películas, sino que muchos hayan visto tu cuenta (Instagram)
Así que tal vez la escena no deba interpretarse como un tropiezo individual, sino como una metáfora bastante precisa del momento cultural: el cine, ese arte que exige tiempo, paciencia y talento, compite ahora con otro formato mucho más inmediato llamado visibilidad.
De modo que la respuesta de aquella noche quizá no fuera un desliz.
Tal vez fue, simplemente, un diagnóstico involuntario.
Porque si en un festival de cine alguien puede despachar las películas con un “qué rollo”, lo verdaderamente interesante no es el comentario…
¡Lo jodido es que nadie parezca sorprenderse demasiado!